Matrimonio gay en Argentina: santa cruzada e irracionalidad
Fecha Miércoles, 14 julio a las 11:30:55
Tema sin fronteras


Al pensar, dice la ciencia cognitiva, pensamos primero en términos de marcos mentales y metáforas y recién después utilizamos el razonamiento analítico. Esos marcos mentales –según escribe Manuel Castells en un artículo donde comenta sobre las teorías de George Lakoff- tienen existencia material, están en las sinapsis de nuestro cerebro: cuando la información que recibimos (los datos) no se acomodan a los marcos mentales registrados en nuestro cerebro nos quedamos con los marcos preestablecidos e ignoramos los hechos. Castells propone un ejemplo muy preciso de este mecanismo: si uno tiene construido un marco de pensamiento en el que la figura del presidente es la de un individuo que brinda protección contra todos los peligros del mundo, cualquier información que contradiga a este marco o bien es rechazada o bien tendrá mucha dificultad para incorporarse a él. En otras palabras: quien pensaba hace algunos años que el ex presidente Bush era el mejor defensor de los intereses de los Estados Unidos frente al llamado “terrorismo internacional”, difícilmente hubiera podido aceptar la evidente inexistencia de armas de destrucción masiva en Irak o la total ausencia de conexión, fácilmente comprobable, entre Al Qaeda y Saddam Houssein. Las sociedades y las personas utilizan ese marco mental de referencia para resolver sus situaciones individuales y sociales y orientar sus acciones. Adquieren identidades y defienden políticas más frecuentemente a partir de estos marcos de pensamiento que de prácticas analíticas y discusiones racionales.

Esos marcos mentales y esas metáforas constituyen lo que conocemos como “sentido común” y ordenan la comprensión del mundo de una determinada manera y no de otra. Su funcionamiento impone la búsqueda de identidad antes que la vocación de análisis: de ese modo es que la mayoría de las personas no busca ampliar sus conocimientos sobre un hecho de la realidad inmediata sino ratificar su opinión previa, establecida y condicionada por esos marcos de pensamiento de sentido común. Si un creyente está convencido de que el santo papa de la iglesia católica es, como se dice, infalible y que su palabra es inapelable, entonces su sentido común cristiano se impondrá como respuesta inmediata ante cualquier desafío promovido desde la sociedad que lo rodea. Después llegará el análisis racional, si las condiciones de conflicto o personales son lo suficientemente acuciantes. O, muy probablemente, el análisis racional nunca se haga presente en toda su dimensión y prevalezca el sentido común preestablecido como guía de sus acciones y opiniones. Cuando eso sucede, los desafíos a esos esquemas de conocimientos se estrellan como ante un sólido muro de piedra y son condenados: la identidad dada por el sentido común se refuerza y la racionalidad analítica se aleja cada vez más. Algo así sucede con la discusión instalada en la Argentina sobre el matrimonio gay. En una sociedad donde el matrimonio –como institución- determina relaciones jurídicas, económicas y de poder entre las personas, no existe ni puede existir ningún fundamento racional-analítico para oponerse al matrimonio entre personas del mismo sexo. En todo caso, lo que podría discutirse racionalmente es el sentido y el condicionamiento social que implica el matrimonio (todo matrimonio) como concepto jurídico y básico de la sociedad. Sin embargo, aunque no haya ningún fundamento racional contra la igualdad de derechos en el asunto del matrimonio de personas con cualquier orientación sexual, la cuestión se ha transformado en una cruzada de oposición al proyecto que lo legaliza. Una santa cruzada que, en esta oportunidad, une a gran parte de los seguidores de las iglesias preponderantes. La iglesia católica en primer lugar, pero también la judía y la musulmana. Una “guerra de dios” contra “el padre de la mentira”, ya que Satanás pretende destruir “el plan de dios” y la ley divina, “grabada en nuestros corazones”, dice el cardenal Bergoglio. El discurso de Bergoglio apela precisamente a esos marcos de pensamiento y metáforas no racionales afincados en el cerebro de gran parte de los ciudadanos argentinos. Busca y consigue identidad y cohesión y genera acciones y respuestas de rechazo al proyecto de ley que habilita el matrimonio entre personas del mismo sexo. Planteada la situación en estos términos el discurso racional y analítico que defiende la posibilidad de matrimonio gay en la Argentina parece estar destinado a cruzarse y ser neutralizado por las concepciones más retrógradas y fundamentalistas asentadas en el sentido común y el pensamiento encantado. Aquí aparece la propuesta de Lakoff que apunta más a cambiar el marco que a confrontar con él por medio de la pura racionalidad. En el ejemplo de cómo funcionaba el marco de pensamiento ante la “amenaza del terrorismo internacional”, Lakoff sostiene que no se trata sólo “del miedo al terrorismo o de un nacionalismo mal entendido, se trata de la capacidad de los estrategas republicanos de activar estructuras mentales inconscientes que motivan nuestros comportamientos sin prestar atención a la racionalidad de nuestros intereses o a los datos de la realidad”. La clave, para Lakoff está en ver cómo se logra activar valores latentes en las personas que hagan que el deseo de solidaridad sea más fuerte que el de agresividad o el de paz más fuerte que el miedo. Para eso, siempre en términos de Lakoff, es preciso un cambio en el discurso: aceptar la discusión en términos de “matrimonio gay” es “limitar el debate a los conceptos más conservadores, es reforzar mentalmente la posición de los detractores”. Su propuesta implica que la afirmación del pensamiento progresista y racional necesita de un lenguaje propio para comunicarlos, “en lugar de intentar vanamente oponer los hechos al discurso articulado de los conservadores que busca establecer una complicidad de valores”. En otros términos: “libertad para casarse”, según Lakoff, pudiera ser mucho más interesante para desarticular esos marcos de sentido común preestablecidos que “matrimonio gay”. ¿Eso sería suficiente? Lakoff no parece ir mucho más allá. Sin embargo, aunque el ámbito del discurso no puede menospreciarse, pareciera no ser suficiente ante el aluvión retrógrado, medievalista y autoritario presente en una sociedad como la de hoy en la Argentina. Difícilmente asuntos como la de la libertad absoluta de unión, convivencia y separación entre las personas, la posibilidad de adopción sin importar el sexo, orientación sexual o la existencia de una papeleta legal de matrimonio, la despenalización sin restricciones del aborto y otras tantas cuestiones tan fundamentales para el desarrollo de la racionalidad humana puedan resolverse bajo el amparo de la sacrosanta prostituta de Babilonia o las demás iglesias de la infelicidad. Está muy bien reacomodar el discurso para despejar el campo de malezas prefabricadas, como propone Lakoff. Pero al mismo tiempo, tanto o más necesario, se impone retomar aquel ejemplo de los luchadores revolucionarios en Cataluña en la época de la guerra civil, relatado por George Orwell en su Homenaje a Cataluña: ante la absoluta falta de baños públicos en los pueblos, los combatientes anarquistas y del POUM, apremiados por las circunstancias, utilizaron los templos cristianos para llevar adelante una de las acciones más naturales y más humanas de las que pueda hablarse: llenarlos de mierda.

Luis Bardamu
http://witzky.org/bardamu/






Este artículo proviene de :: red-libertaria.net :: red libertaria APOYO MUTUO
http://www.red-libertaria.net/noticias

La dirección de esta noticia es:
http://www.red-libertaria.net/noticias/modules.php?name=News&file=article&sid=2369