 | Recordando a Josefa Martín Luengo |
El día 1 de Julio de 2009, hace un año, falleció Josefa Martín Luengo, Pepita, como era conocida
por las personas cercanas a ella. Maestra, Pedagoga, pensadora anarquista, convencida feminista,
fundadora de la Escuela libre Paideia, escritora y amiga.
Natural de Salamanca donde estudió Psicología y Pedagogía se estableció y empezó a trabajar en
Extremadura, tierra ésta a la que acogió en adopción comenzando su andadura de innovación
pedagógica en el año 1975 en Fregenal de la Sierra. Cuando le preguntaban, por qué se quedó aquí
en Extremadura y no llevó a cabo sus ideas en otro sitio, ella siempre respondía, “¿Por qué no?,
Extremadura lo necesita más, durante su historia muchos han sacado de ella y pocas personas le
han dado”.
En Mérida fundó en 1978 la Escuela Libre Paideia mientras trabajaba en la escuela estatal,
compaginando su trabajo en ésta y por la tarde en Su Escuela, hasta que pidió excedencia para
dedicarse por entero a su pasión para el resto de su vida: Su Escuela, sus escritos, sus ideas y al
colectivo que se fue formando en su entorno y al que tanto mimaba.
Ha pasado poco tiempo desde su muerte para poder describir con certera subjetividad la persona de
Pepita, pero quienes la conocieron, la conocimos, podemos decir antes que nada que no dejaba
indiferente, que impresionaba su personalidad y su palabra, que parecía que iba poniendo en claro
tus pensamientos y decía lo que tu querías decir, pero no sabías como. Otras personas en cambio se
sentían abrumadas por su sinceridad y fuerza y valentía.
Pero, quienes más la conocimos, destacamos también su gran capacidad para dar afecto a las
personas que lo necesitaban, y en primer lugar siempre a los niños y niñas. Ella decía muy a
menudo que afecto es esa emoción que sale de ti y no vuelve o no tiene por qué volver, lo das
porque la otra persona lo necesita, en cambio hay otra emoción más egocéntrica que se da porque
vuelve a ti, porque lo necesitas tú, no la otra persona. Esa capacidad de afecto era también
(disculpa Pepita) su punto más vulnerable, no sabía negar ayuda a quien se lo pidiera, y recibió por
ello más de una decepción. Pero como ella decía: “Yo soy así y no puedo, ni quiero renunciar a mi
esencia como persona”.
Su Pensamiento pasó de librepensadora a amante de la Anarquía. Guiada por sus propios valores
ella iba exponiendo su forma de pensar y supo con el tiempo que esa forma tenía un nombre y se
llamaba Ética de la Anarquía.
En educación supo confluir la ciencia y el arte. Gustaba decir que la educación es ciencia en una
gran medida, pero para llevarla a cabo como actividad era necesaria también una dote artística,
para saber cuándo actuar y cuándo no, y aún sabiendo lo que la criatura que tienes delante necesita,
tienes que esperar o escoger ese momento que es único y no perderlo, para poder ayudarle. Es
cuestión de sensibilidad.
Siempre distinguió entre educación e instrucción, ella era educadora ante todo e instruía por
añadidura.
Trabajadora infatigable y apasionada supo sacar tiempo después de doce horas de trabajo en la
Escuela para escribir seis libros, incontables artículos y temas de talleres, elaborar trabajos para las
criaturas, para las Acampadas Autogestionarias y los Cursos de Pedagogía Libertaria. Habilidosa
con la pluma, nunca se echó atrás ante los cacharros de cocina, el estropajo, la escoba o el azadón
en el huerto. Tampoco renunció a celebrar la noche de los viernes, las tardes de primavera
tomando cañas en una terraza, unas cortas vacaciones o una buena discusión para estimular las
neuronas y espolear las mentes.
Ante las dudas, los pensamientos encontrados y los enfrentamientos siempre se decantó y luchó
por la justicia sin pudor. Feminista convencida su caballo de batalla siempre fue la igualdad de
género y con ese caballo se posicionaba en todos los ámbitos del pensamiento. La coherencia en la
forma de pensar y actuar, su mejor argumento y su palabra fácil y clara, su vehículo de comunicación.
La enfermedad se la llevó ahora hace un año, pero su pensamiento y su recuerdo siguen vivos.
Hasta siempre Pepita.
Mérida, 1 de Julio de 2010
Colectivo Paideia
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